De mercachifle a gran comerciante. Los caminos del ascenso en el Río de la Plata colonial Ver más grande

De mercachifle a gran comerciante. Los caminos del ascenso en el Río de la Plata colonial

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Durante la segunda mitad del siglo XVIII Buenos Aires consolidó su posición como centro mercantil de un enorme espacio que se extendía desde el Perú hasta la desembocadura del Plata y desde las selvas paraguayas hasta Chile.

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Durante la segunda mitad del siglo XVIII Buenos Aires consolidó su posición como centro mercantil de un enorme espacio que se extendía desde el Perú hasta la desembocadura del Plata y desde las selvas paraguayas hasta Chile.

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Ficha técnica

Autor/a Jorge Daniel Gelman
Descripción física 15 x 24 cm, 194 p.
Año edición 1996
ISBN 84-7993-012-8
Colección Encuentros Iberoamericanos, 4
Editorial Universidad Internacional de Andalucía; Universidad de Buenos Aires

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Durante la segunda mitad del siglo XVIII Buenos Aires consolidó su posición como centro mercantil de un enorme espacio que se extendía desde el Perú hasta la desembocadura del Plata y desde las selvas paraguayas hasta Chile. Este fenómeno, que la creación del Virreinato del Río de la Plata no hizo más que confirmar institucionalmente, fue el resultado de un proceso secular de atlantización de la economía colonial en las regiones australes. Al principio, durante el siglo XVII, fueron los contrabandistas porteños quienes disputaron a Lima una parte de los flujos de metálico que según las disposiciones reales debían encaminarse hacia la capital del virreinato peruano. La ruta de Buenos Aires, gracias a la evasión fiscal pero también por motivos de tipo geográfico, resultaba más económica y más cómoda que aquella que desde las minas de Potosí se dirigía hacia el norte para después tomar el camino de la metrópoli. Se trataba de dos periplos altemativos con un mismo resultado final: la vehiculización del metálico americano hacia la economía europea en rápida transformación. En la segunda mitad del siglo XVIII, entonces, Buenos Aires había dejado de ser una aldea de barro y paja con un ingenuo fuerte mirando hacia el río para convertirse en una ciudad que pronto se convertiría en capital de virreinato. En este contexto, la urbe porteña vió consolidarse en su seno un grupo importante de grandes comerciantes que controlaban redes mercantiles muy amplias. Estas incluían contactos en la península y a veces en otras ciudades extra-americanas y no necesariamente europeas -Ias Filipinas, por ejemplo-, pero también agentes y corresponsales en distintos puntos del espacio sudamericano: Brasil, Paraguay, Chile, Potosí, Quito y, por supuesto, el actual interior argentino. El secreto del oficio consistía en comprar barato y vender caro, en conectar mercados locales de vendedores y compradores que se desconocían mutuamente, en aprovechar las ventajas que mecanismos como el crédito, la venta al fiado y las diferencias de monedas otorgaban a quienes poseían los recursos y los conocimientos necesarios. EI libro de Jorge Gelman se ocupa en profundidad de estos temas a partir de la biografía económica de un gran mercader porteño, Domingo Belgrano Pérez, padre del general Manuel Belgrano, prócer de la independencia argentina. EI punto de partida teórico de la obra es el dominio que los mercaderes ejercían sobre los productores en las sociedades no-capitalistas. A partir de este esquema el autor se propone afrontar una serie de problemas de gran relevancia para el conocimiento de la economía colonial iberoamericana, como por ejemplo la cuestión de la circulacion monetaria -si es cierto 0 no que, como han sostenido tantos autores, el mayor espacio económico productor de metálico del mundo padecía de crónica escasez de circulante-, el tema del crédito en una sociedad sin instituciones específicamente financieras -0 sea, las modalidades y las fuentes del crédito colonial-, o las pautas de inversión, las actividades económicas y las vinculaciones con el poder político de los grandes comerciantes porteños. EI trabajo de Jorge Gelman es de suma utilidad porque nos permite conocer en una escala reducida -a través de un caso individual- los factores que permitían el enriquecimiento y el ascenso social en el interior de la comunidad mercantil porteña tardocolonial. El cambio de escala, la visión micro, hacen del libro de Gelman un magnífico y necesario complemento de los ya clásicos trabajos de Susan Socolow sobre los comerciantes porteños. El primer capítulo de la obra presenta los elementos esenciales de la biografía de Belgrano Pérez, un italiano que hacia 1750 emigra primero a Cádiz y luego al Río de la Plata, donde contrae matrimonio con una muchacha de familia “decente” pero no muy rica de Santiago del Estero. El capítulo describe y analiza, en base a una rica información proveniente de los protocolos notariales, las operaciones en las que participa Belgrano, el alcance geográfico de las mismas, la participación del protagonista en diferentes compañías mercantiles y sus patrones de inversión dentro y fuera del ámbito comercial. El segundo capítulo afronta los mecanismos utilizados por el comerciante para lograr la ampliación de sus negocios y acelerar el proceso de acumulación de riquezas. Es la rica correpondencia comercial de Belgrano la que aquí permite al autor analizar cuestiones de gran relevancia teórica como el aprovechamiento por parte del mercader de la intransparencia de los mercados locales y la dispar evolución de los precios, la escasez de moneda y la gran variedad de medios de pago usados en las operaciones, la práctica del crédito y del fiado en el ámbito mercantil pero también su incidencia en la economía rural. Este último tema, que pone en relación las actividades comerciales con la economía agraria rioplatense en expansión, es analizado a través sobre todo del caso de la estancia de Las Vacas, gran propiedad ubicada en la Banda Oriental -al norte de Colonia- que Belgrano administra como síndico de la Hermandad de la Caridad de Buenos Aires, un ejemplo más de la longitud de los múltiples tentáculos del gran comercio colonial. La riqueza de la correspondencia mercantil de Belgrano es digna de ser subrayada, ya que es quizas el único caso en que contamos, en Buenos Aires, con un nutrido corpus epistolar que abarca casi cuatro décadas de vida económica de un comerciante de fines del siglo XVIII. Los capítulos tercero y cuarto se ocupan, respectivamente, de los patrones de inversión y de los riesgos que implicaban las actividades comerciales de un gran mercader como Belgrano. Se trata de dos breves secciones que analizan con mayor profundidad algunos aspectos particularmente significativos que el autor no ha ignorado en los capítulos precedentes, especialmente en el extenso capítulo segundo. El tema de los patrones de inversión incluye, además de la enorme variedad de propiedades involucradas -fincas urbanas, chacras, estancias-, interesantes estimaciones de beneficios de distintas actividades económicas, como préstamos de dinero, alquiler de fincas urbanas, y beneficios de compañías comerciales creadas para la venta de los más variados productos, como yerba paraguaya, cueros rioplatenses y esclavos provenientes del Brasil. El tema de los riesgos del comercio está relacionado con los aspectos negativos de ciertos elementos que son a la vez mecanismos de ganancia para el gran comerciante: el préstamo de dinero, por ejemplo, es factor de enriquecimiento en el marco de una economía escasa de circulante, pero a la vez comporta el riesgo de la insolvencia de los deudores… Por último, el quinto capítulo encara la cuestión fundamental de las estrategias de las grandes familias porteñas para acceder a instancias de poder político que a la vez favorecieran sus actividades económicas. Belgrano será, sucesiva 0 contemporáneamente, oficial de milicias, funcionario de aduana, miembro del cabildo y de varias instituciones religiosas. Sus hijos, por otra parte, serán encaminados hacia distintas actividades que consolidarán la influencia de la familia Belgrano: sus cinco hijas se casarán con importantes miembros de la élite porteña, mientras los varones ocuparán puestos relevantes en la Iglesia. Su primer hijo varón, Domingo Estanislao, llegará a ser dignidad de chantre de la catedral de Buenos Aires -y no simplemente “canónigo” como dice Gelman- en el comercio, en las milicias y en la administración colonial. En síntesis, el libro de Gelman es un importantísimo aporte para el conocimiento de la economía colonial del Río de la Plata, además de contribuir al estudio de otros temas de gran interés para la historiografía del período hispánico local, como lo son por ejemplo el de las pautas de comportamiento y las estrategias de las familias de la élite porteña, o las relaciones de trabajo en el mundo rural rioplatense en expansión.

[Roberto DI STEFANO. “Reseña”, in Quinto Sol, nº 1, 1997, pp. 169-171]

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